"La vida está llena de señales para quien las sabe ver"
Entre las lujosas entrañas de los rascacielos de las grandes ciudades se esconde el fantasma de la muerte.
Un mar, cada vez más caudaloso, dentro de un oceáno de espectros en busca de dinero y poder que en sus
olas anuncian el fin de los valores, del arraigo, de la identidad, de la cultura, en definitiva, del ser humano.
Sus armas son el stress, la ostentación, el dinero, las drogas, el sexo y el alcohol. Y su guerra: la de permanecer
en el deseo del inconsciente colectivo.
Así, como un Quijote del siglo XXI en la cruzada que auna cultura y espíritu frente a economía
global, el director y guionista Ángel Loza consigue reunir a un equipo de más de un centenar de personas,
tras un casting de tres días, con más de 500 actores, para sintetizar en 25 minutos y con una calidad
excepcional, lo que él considera la evolución y el cáncer del séptimo arte. Y de la misma manera que
las novelas de caballería aportaron nuevos elementos a las corrientes literarias posteriores, las
técnicas de realización, dirección y narración de este nuevo talento piden a gritos el progreso y
consolidación de la concepción pluridimensional del cine con mayúsculas.
En en ella encontramos rémoras que nos pasean desde las sombras chinescas hasta las últimas técnicas
de animación digital por ordenador; pasando por el mimo, el cine mudo, las películas más carismáticas
de la industria de Hollywood y el cine independiente americano. En otros campos evolutivos de la
imagen y el sonido encontramos la herencia de los mejores video-clips y anuncios publicitarios del siglo XX.
El film tampoco está exento de elementos críticos y alternativos que encontramos en el "underground" de las
manifestaciones artísticas, como el cómic y los tatuajes. Mantiene todos los ingredientes de un esfuerzo
colectivo para hacer arte de las técnicas históricas más relevantes y significativas.
Dirigido más allá de los cinco sentidos, este cortometraje consigue trasmitir una dimensión extra-sensorial
propia de las obras maestras del cine de tensión y angustia sicológica de Hitchcock o de Martin Scorsese.
Se trata de un cine multisensorial en el que cada elemento que rodea los segundos de esta película tiene
una intencionalidad en el espectador: que se introduzca en cuerpo y alma en la piel del protagonista con
los seis sentidos.
Los elementos tiempo, líquido, aire, actividad, paro, corrupción, drogas, pérdida de arraigo sentimental
y familiar unidos al vicio, al poder, la ambición y el dinero sin límite, son una constante en el
hilo argumental de la historia. El autor utiliza los escenarios posmodernos descubiertos en los postulados
de Freud y Nieztsche: el recurso del inconsciente (los pensamientos) del protagonista y la voluntad de poder
de un productor narcisista y cocainómano encajado en estos tiempos de nihilismo colectivo.
La impecable escenografía del ya consagrado Miguel Chang, con películas como Dune, El Imperio del Sol, 55
días en Pekin o Desafío total a sus espaldas, consolidan esta calidad artística pluridimensional.
Destaca además la magnífica fotografía de Fernando Jordana, que nos imbuye con maestría en la magia
de los diferentes ambientes en los que se desarrolla la acción. También la imprescindible banda sonora,
en la que la percusión de Pink Floyd, Najwajean, Apollo 440, Carlos Jean y las imprescindibles creaciones
originales de Javier Cámara permiten redondear la obra de una intrigante aura de sonidos, que trascienden
lo audiovisual y remueven el resto de los sentidos.
Lo que el filósofo y periodista Ignacio Ramonet denominaría "influencia de la publicidad en el
cine en directores como Oliver Stone y Coppola...", además de los ya citados, se aprecia nítidamente
en "Hombres tranquilos"; así como las aportaciones de los directores visionarios Orson Welles y Stanley
Kubrick. La acción se divide en diversos sketches con sentido en sí mismos y a la vez forman parte
de un todo argumental. El orden de la narración da lugar a diferentes interpretaciones fruto de la
introspección del protagonista, Adolfo, magistralmente encarnado
por el prestigioso actor portugués Joaquim de Almeida, que ha compartido escena, entre otros,
con Richard Gere en "Cónsul Honorario", Harrison Ford en "Clear and Present Danger",
Antonio Banderas en "Desperado", y más recientemente Gene Hackman en "Tras la línea enemiga".
Joaquim se trasforma en un productor exitoso y su inconsciente narra un día de su compulsiva y vacia existencia.
Se trata del arte, aunque sea el séptimo, contra el espectáculo y el negocio fácil cinematográfico.
"Hombres tranquilos" es arte y cultura para todos los sentidos y con todos los recursos técnicos,
históricos e intelectuales a su servicio: el sonido, la iluminación, la escenografía, el mimo,
los mensajes escritos y la magistral interpretación de sus protagonistas, entre los que destaca,
como secundario, el insustituible actor Carlos Lucas en el papel de mendigo.
Como expresa el autor de la obra "La película, como el arte, está pensada para que cualquier persona con
discapacidades sensoriales, sordos o ciegos, puedan percibirla desde todos los demás sentidos y la entiendan".
Sin embargo, los productores como Adolfo se preguntarían pero... "¿qué es el arte?" para, a continuación,
sentenciar contundentemente: "el arte está en llenar las salas"..
Van Gogh, Mozart, Marx, Baudelaire, Goya... y el mismísimo Cervantes, entre otros, murieron en la más
absoluta miseria... "¿Es que el arte no cuenta?".
Por Pepa Díaz
Doctora en Periodismo y Comunicación Audiovisual